Pienso en vos antes de ir a dormir, en los instantes previos a la confusión del sueño y la televisión aún encendida en cualquier canal del cable a las tres de la mañana... A esa hora todas las programaciones son más o menos iguales, cuando intento retenerte un poco más, en esa nube que anda de paseo entre la vigilia y el efecto adecuado del Rivotril. Invitarte a quedarte nunca resulta: tu recuerdo y yo jamás llegamos a convivir en pijama, por eso, me conformo con pensarte cada noche y no hacerme demasiadas preguntas para no incomodar a estas expectativas de que todavía (en algún momento, lugar o baño de una estación de servicio en la ruta 2) funcione. Pese a todo, mientras más lejos te siento -en el tiempo, espacio y afecto-, y más minas exitoso-depresivas invitás a cenar a tu casa con olor a vainilla, más segura estoy de que a cada rato confirmás que en verdad, soy una buena pieza de colección dentro del hotel cinco estrellas que inauguraste en el room presidencial de tus pretenciones. Así son las cosas: vos y tu tabaco que aún merodean por la idea de un suicidio con elegancia, y yo (algo menos terminante) que con esta indiferencia de plastilina todavía pienso en vos antes de ir a dormir, y la verdad que no sé qué significa eso de sonreirle a tu cara justo antes de dar con el sueño, no sé, no te miento, decíme vos qué significa.-