6.11.11

Tu nombre en la puerta y entonces compro una entrada, como la primera noche en que te vi medio entonadito y así y todo, saqué boleto y me subí a tu trencito de la alegría que terminó por descarrilar. ¿Una sola entrada? pregunta el metro cincuenta del acomodador, haciendo énfasis en la palabra "sola", y le miento con un sí, una sola entrada, desde que falleció mi novio y toda mi familia que ando sola y borracha por calle Corrientes, y entonces ya no tuvo más ganas de hacer preguntas pelotudas. Veinte minutos después, vos y el escenario: en el tiempo en que estuvimos juntos, siempre había prometido que iría a verte tocar, pero nunca terminé de tener ganas. Me arrepiento de no haberlo hecho. De corazón, si por esas cosas geniales que tiene la vida, volvés a saber de mí, me arrepiento de eso. Te lo diría ahora pero para qué: estás allá arriba dando un gran show, y me alegra ver que tu delirio de llegar a ser una gran musico, al final, se concretó con esfuerzo y puntualidad. Por el momento, yo soy una boluda con vista al pulmón de manzana, un espectante a menos, una sin refugio, cansada. Ey, terminó la presentacion. Quiero más pero acá no gritan bis. Las minas aplauden de pie: ¿cuántos de estas tipas te habrán visto desnudo? Dejá, no quiero saberlo, ya fue, no me lo digas, así estamos bien, siempre lo mismo con vos, conmigo, siempre lo mismo nosotros.