Otra vez encerrada en la jaula del zoológico clandestino que -a pérdida y rumbo a una quiebra fraudulenta- sostenés en el fondo de tu displicencia offshore. Encerrada y del lado de adentro: vos afuera, de viaje, madrugando puchos en el café de algún bar sin nombre. Con tus piernitas cruzadas -el jean cremita corrido, asoma tu ropa interior a juego con los zapatillas negras, y tu sweater tommy: horca de seda para cubrir un zarpazo que no es mío-, haces turismo en el filo de los pocillos del café: son dos. Tenés a una tipa en frente: desde mi jaula puedo sentirlo. Sé que la miras sin atractivo alguno, lo mismo que observarías los adelantos del fútbol del domingo, con el cinismo con que mirabas la cena de la clínica. Tus ojos verdes le cuentan lo aburrido que resulta una monótona estudiante de colegio del estado y metro sesenta y monedas con flequillo recto cual... no sé, no se me ocurre nada, y si yo fuera así -wachiturra, bajita y con flequillo- también toleraría tu cara de rockero violento. Después de todo, si tolero estar en la jaula de tu indiferencia -Siberia de los amantes-, podría volver a bancar tu expresión de cartón corrugado (es más, me encantaría)... Pero no y mientras, acá en el zoo, yo espero que me muerda un rinoceronte.
29.8.11
punto1
Otra vez encerrada en la jaula del zoológico clandestino que -a pérdida y rumbo a una quiebra fraudulenta- sostenés en el fondo de tu displicencia offshore. Encerrada y del lado de adentro: vos afuera, de viaje, madrugando puchos en el café de algún bar sin nombre. Con tus piernitas cruzadas -el jean cremita corrido, asoma tu ropa interior a juego con los zapatillas negras, y tu sweater tommy: horca de seda para cubrir un zarpazo que no es mío-, haces turismo en el filo de los pocillos del café: son dos. Tenés a una tipa en frente: desde mi jaula puedo sentirlo. Sé que la miras sin atractivo alguno, lo mismo que observarías los adelantos del fútbol del domingo, con el cinismo con que mirabas la cena de la clínica. Tus ojos verdes le cuentan lo aburrido que resulta una monótona estudiante de colegio del estado y metro sesenta y monedas con flequillo recto cual... no sé, no se me ocurre nada, y si yo fuera así -wachiturra, bajita y con flequillo- también toleraría tu cara de rockero violento. Después de todo, si tolero estar en la jaula de tu indiferencia -Siberia de los amantes-, podría volver a bancar tu expresión de cartón corrugado (es más, me encantaría)... Pero no y mientras, acá en el zoo, yo espero que me muerda un rinoceronte.
