Supongo que si volvieras a llamarme -al menos para decirme feliz cumpleaños- este asunto del ir y venir perdería un poco de sentido. Pensémoslo así: llamarías, yo clavaría la vista en la sorpresa del celular, diría hola, cómo estás, y vos que bien, muy bien, feliz cumpleaños, y yo que gracias, aunque es mañana, sí, la familia bien, el alzheimer de la abuela bien, el colegio bien, todo bien, "todo lindo", y vos que lo mismo pero con tu ingreso a la UBA XXI y sin el alzheimer de la abuela porque tu abuela es sana, y al final que chau, gracias por llamar, y vos que no, perdón por la demora, igual de nada por el llamado, y listo, y al final el silencio, y vos con tu celular y yo con el mío en la mano, todavía un poco estúpido, y será hasta el año que viene, o en el mejor de los casos hasta tu cumpleaños si yo me acuerdo y me parece una buena idea recordarte y darlo a entender, de todas formas voy a buscar las pastillas de mentol en los bolsillos de la campera, y nada más, y ya está. Entonces, por un lado es bueno que no llames así yo puedo seguir escribiendo mal de vos. No llames, forro. Ahí va, ya estoy volviendo a escribir. Empiezo a darle sentido a la tensión de nuestro no-diálogo. ¿Ves? Hablando la gente se entiende. Igual, dejate de joder y llamame.-